Biografía de Manuel Villalongín

Manuel Villalongin 18 de marzo de 1893
Retrato del Héroe, litografía publicada en el Peródico La Libertad, 18 de marzo de 1893, página 1.

El insurgente:

José Manuel de Villalongín y Navarro (1777-1814).-

Nació en Valladolid el 14 de julio de 1777, en el seno del matrimonio formado por José Lino Villalongín y María de la Luz Navarro y Camino. Huérfano a temprana edad creció bajo la tutela del comerciante español Benigno Antonio de Ugarte. Fue agricultor en tierras de la hacienda de Atapaneo que al parecer fueron propiedad de sus ascendientes maternos. En 1802 contrajo matrimonio con Josefa Huerta Escalante, con la que procreó al menos tres hijos, uno de ellos varón. Se unió al ejército insurgente comandado por Hidalgo y en un lapso relativamente corto alcanzó el grado de mariscal de campo. Participó en acciones armadas relevantes como la desastrosa batalla del Puente de Calderón del 17 de enero de 1811, que marcó el declive de la primera etapa de la insurgencia. Asistió a los fallidos intentos de la toma de su ciudad natal, llevados cabo de manera sucesiva por las tropas de José Sixto Verduzco (1811), Manuel Muñiz (1813) y José María Morelos en diciembre de 1813. En el otoño del año siguiente Villalongín actuaba en la comarca de Puruándiro acosado por las partidas realistas al mando de Felipe González Castañón, con las que entró en combate perdiendo la vida el cabecilla insurgente el 2 de noviembre de 1814. La figura de Villalongín alcanzó amplia popularidad por la temeraria incursión que realizó a Valladolid, para rescatar a su esposa que había sido aprehendida y recluida en la cárcel de recogidas por órdenes del comandante militar Torcuato Trujillo, episodio que fue preservado en la memoria colectiva con una connotación de amor y heroicidad[1].

Calzada, Acueducto y Capilla de Ánimas, por Mariano de Jesús Torres.
Calzada, Acueducto y Capilla de Ánimas, por Mariano de Jesús Torres. El templo y el edificio anexo donde se dio el rescate se ven en el primer arco a la izquierda, al fondo.

El rescate

Cuando el Sr. Cura Hidalgo dió el grito de independencia en Dolores el 16 de Septiembre de 1810, y estuvo en Valladolid después del desastre de Aculco, [Manuel Villalongín] se unió a Hidalgo, siguiéndole a Guadalajara. Al partir para la campaña dejó en Valladolid a su esposa, creyendo que disfrutaría de garantías en virtud de su sexo; pero Dn. Torcuato Trujillo, comandante militar de la plaza y queriendo obligar a Villalongín a que se rindiera, puso presa a dicha señora en la carcel de Recogidas que estaba junto a la capilla de Animas, con el apercibimiento de que si en el angustioso término que se le señaló no se presentaba su marido a indultarse, sería pasada por las armas.

Desde luego se apresuró la afligida señora a mandarse avisar a su esposo el peligro que corría, y éste lleno de indignación, inspirado de su valor, se puso en camino, acompañado de una pequeña fuerza de caballería y se dirigió a Valladolid, presentándose en la garita del Zapote [Actualmente cerca de la tienda de dulces La Estrella Dorada sobre Calzada Madero]; se tiroteó con el retén que allí había, al que hizo internarse al centro de la ciudad, y entonces se dirigió al lugar en que estaba presa su esposa; puso en fuga la guardia que allí se encontraba, y subiendo a caballo por la angosta y elevada escalera del edificio, logró dar con el cuarto que servía de prisión a la señora; la sacó de allí inmediatamente; la tomó en sus brazos; la colocó en el caballo que montaba, bajó por la misma escalera de que se ha hablado; logró salir fuera, atravezó triunfante la plazuela, llamada entonces de Animas, y tomando por la calzada, , denominada hoy de México, llegó a la referida garita del Zapote, donde le esperaban los suyos.

Entre tanto en la ciudad se había difundido la alarma, por lo cual el comandante Trujillo mandó unos soldados de caballería que persiguieran  a Villalongín, este les esperó en la garita, y cuando llegaron a atacarlo, se hechó sobre ellos, poniéndoles en fuga y aztando con su sable las ancas de los caballos hasta que los hizo meter a la ciudad. Volvió entonces a la garita donde se reunió con su esposa, ya libertada, y con los suyos que le acompañaban tomando rumbo a Acámbaro. Este rasgo heróico de Villalongín le dió gran celebridad, como es de suponerse, y se conserva en la historia como uno de los episodios más simpáticos de la revolución.

Villalongín, como antes se ha dicho, siguió a Hidalgo a Guadalajara; recibió el grado de Mariscal de campo que le confirió el Generalísimo, asistió a la famosa batalla del Puente de Calderón el 17 de Enero de 1811, que fué desgraciada para los insurgentes, por lo cual se fraccionaron varias secciones a fin de continuar la guerra en las provincias. Villalongín se encaminó a Michoacán y tomó parte en los diversos ataques que se dieron a Valladolid (hoy Morelia), como fueron el de Verduzco el 1º de Junio de 1811, el de Muñiz en Febrero de 1913 [debía decir 1813], y el de Morelos el 22 de Diciembre del mismo año; después del desastre que allí sufrió el ejército independiente, se dedicó Villalongín a espedicionar por varias partes, batiéndose siempre denodadamente con los realistas.

A fines de Octubre de 1814 se encontraba en Puruándiro con un considerable número de gente, y entonces el coronel realista, Felipe Castañeda, se dirigió con su partida de caballería sobre Puruándiro, y el 2 de Noviembre de aquel año, cayó de improviso sobre los insurgentes. Villalongín, a pesar de la sorpresa, se defendió como un héroe, pero, sin embargo, fué herido gravemente en la refriega y quedó muerto, dispersándose desde luego su tropa[2].

El sitio donde sucedió el rescate actualmente es el jardín Manuel Villalongín, mismo que es uno de los más bellos de la ciudad. Si bien el darle el nombre del insurgente a este lugar es en cierto modo un homenaje, no hay nada en el lugar, excepto el homenaje en los párrafos siguientes, que recuerde sus logros, su heroica vida, su romántico rescate y su trágica muerte. Para una reseña completa del jardín que nos recuerda al mártir, ver la siguiente entrada en este mismo blog:

Plazas y jardines del Centro Histórico de Morelia. Parte IV.

Jardín Manuel Villaongín
Jardín Manuel Villaongín en los años 1970s.

El homenaje

Increíblemente, durante el siglo XIX no se realizó un monumento, busto, estatua o mural dedicado a don Manuel Villalongín. Isaac Arriaga, originario de Puruándiro y que luego se destacaría como estudiante de San Nicolás a principios del siglo XX, estudiante de medicina y al momento de su fallecimiento uno de los políticos más destacados del estado, logró en 1910 conjuntar el ánimo de sus compañeros de aula para dedicar un homenaje al guerrillero insurgente, para lo cual organizaron, entre otros eventos, una corrida de toros que tuvo una entusiasta acogida por la población de la ciudad. Desgraciadamente, el dinero reunido les fue robado por uno de sus propios compañeros, pero con la dignidad en alto, lograron que se colocara una placa de mármol en la esquina sur-oriente de una casa que mira al jardín, y que dice[3]:  “LOS ESTUDIANTES DEL COLEGIO DE SAN NICOLAS DE HIDALGO Y DE LA ESCUELA DE MEDICINA AL INSURGENTE MANUEL VILLALONGIN. MORELIA, SEPTIEMBRE DE 1910.”

Placa alusiva a Manuel Villalongín.
Placa alusiva a Manuel Villalongín, colocada a instancias de los estudiantes organizados por Isaac Arriaga.

 

Dejo una inquietud en el aire: ¿Qué clase de monumento u homenaje debería de hacerse en el Jardín Manuel Villalongín, para honrar la memoria de este héroe insurgente?

Fuentes:

[1] PÉREZ ESCUTIA, Ramón Alonso. Los orígenes del panteón cívico michoacano, 1823-1834. En Tzintzun. Revista de Estudios Históricos. Núm. 57, enero-junio de 2013. Facultad de Historia de la UMSNH, Morelia, Michoacán, México. Pp. 91-92.

[2] TORRES, Mariano de Jesús. Diccionario histórico, biográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de Michoacán. Tomo III. Pp. 419, 420. Imprenta particular del autor. Notas en llaves añadidas por el autor.

[3] NAVA HERNÁNDEZ, Eduardo. Isaac Arriaga, el Humanismo Militante. Colección Perfiles No. 6. UMSNH, Morelia, Michoacan, 1999. Pp. 12-13.

Este documento es un extracto de la ponencia “Manuel Villalongín y la Capilla de Ánimas” con la que participé en el 1er Coloquio Valladolid-Morelia, una mirada multidisciplinaria, que fue convocado por el Archivo y Museo Histórico de Morelia, del 3 al 5 de septiembre de 2014, escrita por Ricardo Espejel Cruz.

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